La obesidad infantil ha crecido de manera sostenida en las últimas décadas, cuadruplicándose entre 1990 y 2022. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en JAMA Network Open el 16 de julio de 2025 pone el foco en un tipo más preocupante: la obesidad extremadamente severa, que hasta ahora no estaba claramente diferenciada en las estadísticas de salud pública.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de California en San Diego, propone ampliar la clasificación tradicional de obesidad infantil, que incluía tres clases, a cinco, agregando dos categorías nuevas para casos con índices de masa corporal (IMC) mucho más altos. Esto permite medir con mayor precisión los riesgos que enfrentan los niños y adolescentes con niveles extremos de obesidad.
Basándose en datos de casi 26 mil menores de entre 2 y 18 años de la encuesta NHANES entre 2008 y 2023, los investigadores encontraron que la obesidad extremadamente severa se triplicó en 15 años, pasando del 0.32 % al 1.13 %. El aumento fue especialmente marcado en adolescentes de 16 a 18 años y en jóvenes afroamericanos no hispanos, donde la tasa llegó al 2.04 %.
Los niños con obesidad en estas nuevas clases más graves tienen riesgos muy elevados de sufrir enfermedades como la enfermedad hepática grasa, prediabetes, diabetes tipo 2 y resistencia severa a la insulina. Por ejemplo, el 100 % de los niños con obesidad extrema presenta resistencia a la insulina, frente al 27 % en niños sin obesidad. Además, casi la mitad tiene diabetes o prediabetes y un alto porcentaje sufre enfermedad hepática grasa asociada a problemas metabólicos. También es común el síndrome metabólico, que incluye presión arterial alta y problemas en los niveles de lípidos.
El estudio destaca diferencias según género y origen étnico, con mayor prevalencia en varones y en adolescentes afroamericanos no hispanos y mexicano-americanos, lo que añade complejidad a las políticas de salud pública.
Los investigadores advierten que estos hallazgos deben impulsar un cambio en las prioridades médicas y preventivas, sugiriendo que los niños con obesidad extremadamente severa deben ser considerados prioritarios para recibir tratamientos médicos específicos, incluidos medicamentos, si las modificaciones en el estilo de vida no son suficientes. Intervenir a tiempo podría aumentar significativamente los años y calidad de vida de estos menores.
En resumen, la obesidad infantil extrema es un problema creciente que exige una respuesta urgente, no solo para prevenir complicaciones graves, sino también para abordar las desigualdades sociales y demográficas que la agravan.