Cannabis que se fuma hoy tiene cuatro veces más THC que hace 30 años advierten expertos

El principal componente psicoactivo de la planta de cannabis es el THC, que produce cambios en el ánimo, la percepción y la memoria. También puede causar ansiedad, problemas de atención y riesgo de adicción.

En las últimas décadas, especialmente en Estados Unidos, el nivel promedio de THC en el cannabis recreativo ha aumentado notablemente, pasando de menos del 4 % en los años 90 a más del 16 % en 2022. Este incremento se ha dado también en otros países, debido a modificaciones en la planta y mezclas que elevan su concentración.

El uso medicinal del cannabis generalmente excluye el THC, enfocándose en el cannabidiol (CBD), que se utiliza bajo supervisión médica para algunas condiciones como la epilepsia. Sin embargo, algunos productos combinan CBD con pequeñas cantidades de THC para potenciar su efecto.

El consumo de cannabis con alto THC está relacionado con varios riesgos para la salud:

  • Pulmonar: Fumar cannabis expone a toxinas similares a las del tabaco, que pueden causar inflamación, bronquitis crónica y otros problemas pulmonares.

  • Mental: Aumenta el riesgo de trastornos como esquizofrenia, trastorno bipolar, ansiedad, depresión y conductas suicidas.

  • Cardiovascular: Puede elevar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y a largo plazo se asocia con mayor riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y arritmias.

  • Gastrointestinal: El consumo crónico puede provocar síndrome de hiperémesis cannabinoide (náuseas y vómitos intensos), además de otros trastornos como reflujo y pancreatitis.

  • Cáncer: El consumo, sobre todo al fumar, está vinculado a mayor riesgo de cáncer en cabeza, cuello y garganta.

Un estudio importante publicado en The Lancet Psychiatry mostró que el consumo diario de cannabis con alto THC aumenta hasta casi cinco veces el riesgo de sufrir un trastorno psicótico, en comparación con quienes nunca lo han usado.

En resumen, el aumento del THC en el cannabis actual eleva los riesgos para la salud mental, pulmonar, cardiovascular y otros sistemas del cuerpo, lo que subraya la importancia de la información clara para los consumidores y de políticas de salud pública que contemplen estos riesgos.

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