Francisco Lindor firma una noche histórica con jonrón de oro: su número 250 deja en el terreno a los Cardenales

NUEVA YORK — Francisco Lindor no necesitó seguir el vuelo de la pelota. Sabía que la había mandado a volar. En cuenta de 1-1, al abrir la novena entrada, conectó un cutter de Ryan Fernandez que viajó 401 pies hasta las butacas del segundo piso en el jardín derecho del Citi Field, sellando una vibrante victoria de los Mets 5-4 sobre los Cardenales de San Luis.

Fue el jonrón número 250 en la carrera del puertorriqueño, pero también el más emblemático con la camiseta de los Mets: su primer walk-off con el equipo y el tercero de su carrera en Grandes Ligas. La manzana jonronera se elevó con orgullo en el centro del estadio mientras Lindor era rodeado por sus compañeros en una celebración cargada de energía, emoción y redención.

"Le pegué con todo lo que tenía", confesó Lindor con una sonrisa. "Si esa no salía, se me iba a acabar la suerte".

El momento llegó luego de un juego que tuvo de todo. Los Mets remontaron un 2-0 en la quinta y un 3-2 en la sexta, tomando la ventaja 4-3 en la octava tras un doble productor de Luis Torrens. Pero los Cardenales respondieron con un jonrón de Brendan Donovan ante Huascar Brazobán al inicio de la novena.

Tras recobrar el control desde la lomita, Brazobán ponchó a los tres siguientes bateadores y dejó la escena lista para el héroe del día. Lindor, con la misma determinación que lo ha convertido en uno de los líderes de los Mets, no falló.

"Por eso es un jugador de élite y especial", dijo el manager Carlos Mendoza. "Vive para estos momentos. Jugador especial, persona especial".

Además de alcanzar una marca de élite —apenas el quinto campocorto en llegar a 250 jonrones—, Lindor se convirtió en el único en lograrlo con un walk-off. Un detalle que eleva aún más su hazaña y lo consolida como una figura central del equipo neoyorquino.

“We won, we get to go move. I’m done with this cold weather”, bromeó Lindor tras el juego en declaraciones a SNY, fiel a su estilo relajado y carismático.

En una noche que combinó historia, emoción y una muestra del temple que lo define, Francisco Lindor volvió a demostrar por qué es el alma de los Mets. Y en medio del frío neoyorquino, encendió el Citi Field con un batazo que promete ser recordado por mucho tiempo.

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