NUEVA YORK — En una noche empapada por el sudor, la tensión y el murmullo de la duda, Carlos Rodón encontró su mejor versión del año. El zurdo de los Yankees dominó durante seis entradas en blanco a los Rays de Tampa Bay, ponchando a nueve bateadores —su mayor cifra de la temporada— en una victoria por la mínima, 1-0 en el Yankee Stadium.
La actuación no fue limpia, pero sí feroz y resiliente. Rodón batalló desde el primer lanzamiento —cuatro bolas seguidas para abrir el juego—, y luchó contra su control y el agarre de la pelota, incluso teniendo que pedir una toalla para secarse el brazo. Pero nunca dejó de competir. Con su combinación de recta, slider, curva y cambio, se las arregló para salir de los aprietos como un veterano que sabe lo que está en juego.
“Fue una verdadera batalla para él esta noche”, confesó el manager Aaron Boone. “No fue su mejor comando, pero siguió adelante, siguiente lanzamiento, sin perderse en la frustración. Me encantó su enfoque”.
La crítica había sido implacable. Rodón llegó a esta apertura con un 4.82 de efectividad, múltiples salidas arruinadas por jonrones inoportunos y el quinto porcentaje más alto de bases por bolas en toda la liga. Pero este viernes, el zurdo de 32 años respondió con carácter, y lo hizo cuando más se necesitaba, justo después de que Boone lo defendiera públicamente.
“Yo sé lo que puedo hacer. A veces las cosas no salen, pero nunca dejo de pelear”, dijo Rodón, exhausto pero satisfecho tras soltar un grito emocional al completar su sexto inning con su lanzamiento número 102.
Rodón permitió solo dos hits y cuatro pasaportes, y se escapó de un inicio complicado en el primer inning con tres ponches consecutivos tras tener corredores en primera y segunda sin outs. Fue su primera apertura de calidad en lo que va del 2025, y un paso firme hacia la confianza que tanto ha buscado desde su accidentado primer año en el Bronx.
Con esta salida, su efectividad bajó a 4.34, su tasa de ponches subió, y, más importante aún, recuperó parte del respeto y la fe de los fanáticos que han esperado ver al Rodón dominante por el que los Yankees apostaron.
En un juego cerrado, decidido por una solitaria carrera, fue su brazo el que sostuvo la victoria. Fue su corazón el que habló más fuerte.