El mes pasado, las Grandes Ligas de Béisbol decidieron levantar la prohibición permanente que pesaba sobre Pete Rose. La noticia llegó demasiado tarde para la leyenda de los Rojos de Cincinnati, quien falleció en septiembre a los 83 años por causas naturales vinculadas a problemas cardíacos. Su muerte reavivó el debate sobre el trato que recibió durante décadas por parte de la MLB, especialmente al negársele la entrada al Salón de la Fama mientras vivía.
Uno de los primeros en reaccionar fue Alex Rodríguez, quien compartió sus sentimientos durante una entrevista en WFAN con Evan Roberts y Tiki Barber. Rodríguez, que también ha tenido una relación complicada con la MLB debido a su suspensión por uso de sustancias prohibidas, expresó una mezcla de tristeza y frustración al hablar de Rose.
"Pete Rose, un gran amigo mío. Me rompe el corazón que vaya a entrar ahora", dijo Rodríguez. "Pero creo que si hubiera entrado al Salón de la Fama, habría vivido cinco años más. Nunca conocí a nadie que amara tanto el béisbol como él".
La afirmación de A-Rod no tiene base médica: la autopsia reveló que Rose padecía hipertensión, enfermedad cardiovascular aterosclerótica y diabetes, todas condiciones que contribuyeron a su fallecimiento. Sin embargo, sus palabras reflejan el impacto emocional que tuvo el prolongado castigo sobre la vida de Rose.
En 1989, Rose fue suspendido de por vida tras descubrirse que apostaba en partidos de béisbol, incluso en juegos de los Rojos mientras era su mánager. Durante años negó los hechos, hasta que en 2004 admitió que efectivamente había apostado tanto al béisbol como a su propio equipo.
El comisionado Rob Manfred, al anunciar el cambio de política, explicó que las suspensiones "permanentes" en realidad solo duran mientras el jugador esté con vida. Así, con Rose ya fallecido, se abre la puerta para su eventual ingreso al Salón de la Fama. Una posibilidad que él mismo anticipó poco antes de morir: "Entraré cuando ya no esté aquí", afirmó entonces.
Pete Rose dejó una huella imborrable en la historia del béisbol. Su carrera, que se extendió de 1963 a 1986, incluyó un premio al Novato del Año, un MVP de la Liga Nacional y múltiples títulos de bateo. Lideró su liga en hits en siete temporadas y se retiró como el líder absoluto en imparables (4,256), juegos jugados, turnos al bate y apariciones al plato, marcas que aún se mantienen vigentes.
Su historia, con luces y sombras, podría finalmente encontrar un cierre en Cooperstown. Pero para muchos, incluido Rodríguez, ese reconocimiento llegará demasiado tarde.