La presencia de Shohei Ohtani en los Dodgers de Los Ángeles ha dejado de ser un lujo para convertirse en una necesidad crítica. Al inicio de la temporada, su regreso como lanzador se percibía como un "bono", algo que se añadiría a una ofensiva ya potente. Sin embargo, los problemas actuales en la rotación —agravados por lesiones de peso como las de Blake Snell y Tyler Glasnow— han cambiado esa percepción por completo.
Aunque el equipo ha manejado la rehabilitación de Ohtani con cautela tras su segunda cirugía Tommy John, la creciente fragilidad del cuerpo de lanzadores ha elevado la urgencia de su regreso al montículo. Las expectativas puestas en Yamamoto y Roki Sasaki aún están lejos de consolidarse plenamente, y el hecho de que se estén considerando juegos con el bullpen desde mayo evidencia la falta de profundidad.
El cronograma de recuperación, que proyecta a Ohtani como abridor solo después del All-Star break, podría limitar significativamente su tiempo de ajuste antes de la postemporada. A diferencia de Walker Buehler en 2024, que tuvo más margen para afinar su mecánica, Ohtani llegará con menos oportunidades para reacondicionar su brazo en un entorno competitivo. Además, el equipo no puede darse el lujo de asumir que otros abridores como Kershaw o Glasnow estarán disponibles o en forma para octubre.
La competencia en la División Oeste de la Liga Nacional, donde Padres, Gigantes y Diamondbacks se mantienen cerca en la tabla, añade presión. Asegurar el banderín podría depender no solo del bate de Ohtani, sino también de su capacidad para dominar desde la loma en los meses críticos.
Para los Dodgers de Los Ángeles, Shohei Ohtani lanzando en 2025 ya no es un lujo. Es una necesidad estructural para aspirar al campeonato.