La postura pública de Rafael Devers sobre su negativa a jugar la primera base tras la lesión de Triston Casas ha abierto una nueva arista en la ya complicada relación entre el jugador y la directiva de los Red Sox de Boston. Pero lo que quizás sea más delicado aún es la reportada reacción de sus compañeros de equipo.
Según el Boston Herald, las reacciones dentro del clubhouse a las declaraciones de Devers no fueron positivas. Varios jugadores estaban atentos cuando el dominicano expresó públicamente su rechazo al cambio de posición, y la respuesta general fue de desaprobación.
Este nuevo episodio se desencadenó tras la lesión de Casas, quien sufrió una ruptura del tendón rotuliano izquierdo y se perderá casi con seguridad el resto de la temporada, dejando un enorme vacío defensivo en la primera base. Ante esta situación, el jefe de operaciones de béisbol, Craig Breslow, se acercó a Devers con la intención de explorar una solución interna, pidiéndole considerar una transición temporal a la inicial.
No es la primera vez en 2025 que Devers ha sido consultado sobre cambiar de posición. Durante el final del spring training, aceptó pasar de la tercera base al rol de bateador designado tras la firma de Alex Bregman por parte de los Astros, lo que forzó a los Medias Rojas a hacer ajustes inesperados. Aunque inicialmente mostró incomodidad con ese movimiento, terminó accediendo.
Esta vez, sin embargo, su negativa fue firme y pública. Devers explicó que no se considera un jugador utilitario y que, en primavera, el cuerpo técnico le dijo que no volvería a jugar a la defensiva durante la temporada. Considera que ahora pedirle lo contrario es una contradicción. “No sería apropiado”, afirmó, señalando además que se siente decepcionado con la falta de coherencia de la directiva. “Me dijeron que guardara el guante. Me cambiaron una vez y no creo que pueda ser tan flexible de nuevo”, agregó, sugiriendo que la organización no ha respetado su palabra.
Devers también mencionó que esperaba más empatía por parte de Breslow, un exjugador, al entender lo complejo que es cambiar de posición a mitad de temporada. Esta percepción de desorganización o inconsistencia dentro de la gerencia añade fricción a una relación ya tensa.
El hecho de que sus compañeros no hayan recibido bien su postura acentúa aún más el conflicto. En un deporte donde el sacrificio por el equipo es valorado, la negativa de Devers podría percibirse como egoísta. La situación se vuelve más compleja considerando que la primera base es una posición que muchos otros jugadores han adoptado en circunstancias similares, y algunos analistas ya visualizan a Devers desempeñándose allí a largo plazo.
Mientras tanto, los Medias Rojas han optado por una solución provisional con Romy González y Abraham Toro, una combinación que ha sido descrita como poco inspiradora. En una división competitiva y con la temporada en marcha, la incapacidad del equipo para encontrar un reemplazo sólido para Casas —y la negativa del jugador franquicia a asumir un rol crítico— podría tener consecuencias tanto en el terreno como dentro del vestuario.
La tensión entre Devers y la directiva, sumada al descontento en el clubhouse, representa un desafío que Boston deberá resolver con diplomacia y liderazgo. Lo que está en juego no es solo la solución temporal a un problema defensivo, sino también la cohesión de un equipo que necesita alinearse para mantenerse competitivo.