Yankees disfrutan la mejor versión de Devin Williams tras lento inicio

Las últimas semanas no han sido nada fáciles para Devin Williams en su paso con los Yankees de Nueva York. Los resultados no lo han favorecido, la afición del Bronx lo ha recibido con frialdad, perdió su rol como cerrador y, con ello, parte de la confianza que el equipo y los fanáticos depositaron en él. Pero el miércoles por la noche, en un escenario de máxima tensión, Williams ofreció un recordatorio poderoso —a los demás y a sí mismo— de por qué alguna vez fue considerado uno de los brazos más dominantes de MLB.

El momento llegó en la décima entrada de un juego empatado 3-3 ante los Padres de San Diego. Con la regla del corredor automático en segunda base y la parte alta del orden de San Diego al bate, Williams entró al juego con todo en contra. El margen de error era prácticamente inexistente.

Las cosas no empezaron bien: Brandon Lockridge, el corredor automático, robó tercera base, y luego Williams otorgó base por bolas a Luis Arráez, dejando corredores en las esquinas sin outs. La presión aumentó aún más cuando golpeó a Jackson Merrill con un lanzamiento, llenando las bases sin outs, una pesadilla para cualquier lanzador.

Pero justo cuando parecía que todo se vendría abajo, emergió el Devin Williams que los Yankees esperaban. Enfrentó primero a Manny Machado y lo ponchó con un cambio de velocidad devastador, que lo dejó haciendo swing al aire. Luego vino un tenso duelo ante Xander Bogaerts, que se extendió hasta el conteo completo. Con el juego en la línea y la carrera de la ventaja en tercera, Williams optó nuevamente por su cambio de velocidad, esta vez bajo y bien ubicado. Bogaerts no pudo hacer contacto, y la amenaza terminó con un tercer strike que sacó a los Yankees de un atolladero monumental.

Williams celebró con emoción desbordada: gritó, saltó y flexionó su puño derecho en señal de victoria. Más tarde, dijo que en ese momento “se quedó en blanco, lo cual es algo bueno”. Aseguró que, pese a su alta efectividad de 9.24, ha sentido mejoras tanto físicas como mentales en sus últimas cinco apariciones. El manager Aaron Boone también se mostró optimista y afirmó: “Eso es lo que él es… y de lo que es capaz”.

Esta actuación, enfrentando y dominando a Machado, Bogaerts y compañía con las bases llenas y sin outs, no solo encendió al Yankee Stadium, sino que dio señales claras de que Devin Williams aún puede ser una pieza clave. Quizás no como el cerrador infalible que fue en Milwaukee, pero sí como un brazo de élite con la capacidad de brillar cuando más se necesita.

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