El debate sobre si lavar o no el arroz ha estado presente por un largo tiempo, y aunque muchos lo recomiendan por diversas razones de salud y textura, el experto Heinz Wuth pone en perspectiva algunos de los mitos más comunes sobre este hábito. Si bien la práctica de lavar el arroz está muy arraigada en varias culturas, en términos científicos y nutricionales, el impacto de lavar el arroz en su composición es relativamente limitado.
Wuth explica que, aunque se suele hacer para eliminar suciedad y reducir el almidón, los beneficios de lavar el arroz en cuanto a la reducción del almidón son mínimos. Incluso, señala que al lavarlo dos veces, se elimina solo alrededor del 1% del almidón. La principal ventaja de lavar el arroz, según él, radica en que al cocinarlo, queda más suelto y menos pegajoso, lo que favorece ciertos platos como los arroces tipo pilaf o los arroces más secos, que requieren que los granos se mantengan separados.
En cuanto al arsénico, que es otra de las preocupaciones comunes al cocinar arroz, Wuth menciona que aunque el arroz naturalmente contiene arsénico debido a factores como el tipo de suelo y el agua en la que se cultiva, la cantidad es muy baja en comparación con los riesgos que se temen. Lavando el arroz entre tres y cuatro veces se puede eliminar entre el 10% y el 28% del arsénico presente, lo cual, según el experto, no representa un peligro significativo para la salud si se consume de manera moderada. Para reducir aún más los niveles de arsénico, también sugiere cocinar el arroz en abundante agua y luego escurrirla, una técnica que es eficaz para disminuir aún más estos residuos.
Wuth también pone en perspectiva los números al decir que para alcanzar una dosis tóxica de arsénico inorgánico a través del arroz blanco, tendríamos que comer más de una tonelada de arroz en un período de cinco años, lo cual es prácticamente inalcanzable en una dieta normal. Por lo tanto, lo más importante, según el experto, es llevar una dieta equilibrada y consumir arroz con moderación, en lugar de obsesionarse con las pequeñas cantidades de arsénico que puedan estar presentes en el grano.
Finalmente, aunque lavar el arroz tiene algunas ventajas en términos de textura y sabor, Wuth resalta que el acto de lavarlo es principalmente una cuestión cultural, y no necesariamente tiene un impacto significativo en la salud a largo plazo, siempre y cuando el consumo sea parte de una alimentación balanceada.